¡Qué difícil es ser una chica de cine! (Ana de Armas)

nullNo es fácil tener una vida de película. Mucho glamour en la pasarela, sesiones interminables de maquillaje, horas de peluquería, estilismos imposibles, pero al final, entre rodaje y rodaje, entre fiesta y fiesta, también tienen que sacar tiempo, por ejemplo, para ir a la panadería: «¡Dos baguettes, por favor! Lo siento, me pillas en el super…», responde al otro lado del teléfono una de las actrices fetiche de una de las series de televisión con más audiencia.«Es lo que tiene ser madre trabajadora en agosto, tenemos que hacer la compra…, sí,sí me viene bien que hablemos ahora. Perdona un minuto…», pide antes de poder comenzar la entrevista. «Aquí tiene la vuelta», se oye que le dice el dependiente. «Ya estoy contigo. Me voy esta tarde de vacaciones y ya sabes cómo son estas cosas…».

 

Y la actriz de moda comienza a responder el cuestionario… Un par de días antes había posado para la cámara de Alvaro Villarrubia. Conocía su trabajo y no le costó mucho decidirse a aceptar la propuesta de Magazine: interpretar alguna de las escenas más sensuales de la historia del cine.

«Sí, ya me dijo que era para la doble página central de la revista. Que conste que no acostumbro a enseñar demasiada piel, pero resultó muy divertido». Y se ríe Melanie Olivares, Paz, la prostituta en la serie Aída.

Ha sido divertido, no cabe duda. A quién le puede incomodar trabajar con bellezas como Pilar Rubio o Ana de Armas, o con la gracia de Vicky Martín Berrocal o Marta Torné. Estimulantes fueron sin duda la energía propia de la juventud de Elena Furiase o Ana Polvorosa; la experiencia de Chenoa, Merche o Mar Regueras; la sensualidad desbordante de Carolina Cerezuela o Vanesa Romero. La simpatía de Eva González… Todas bordaron sus papeles…

Sudoku de agendas.

Pero si no es fácil ser chica de cine, tampoco lo es lidiar con sus agendas endiabladas. Organizar un calendario de entrevistas y sesiones fotográficas con ellas, ?3 en total, un número muy cinematográfico, no tuvo nada que ver con una película de terror –todas sabían a qué venían–, pero sí pudo convertirse en un difícil sudoku. Cuando la fecha prevista para las fotos no se movía por problemas de rodaje, era entonces la imposibilidad de coordinarla con el maquillador elegido la que obligaba a reorganizar todo el calendario. Porque sí, son profesionales, amables y simpáticas, pero también tienen caprichos de estrella. «Sí, acepta pero con la condición de que sea fulanito de tal, el que maquilla normalmente a menganita», pide uno de los representantes de una de las jóvenes. Y, bueno, como son chicas de cine, uno intenta localizar a «fulanito de tal que maquilla normalmente a menganita». «Si no puede en esas fechas, entonces inténtalo con estos otros», dice su siguiente correo una vez que se le explica que ha sido imposible cerrar la sesión con la primera opción. Fracaso de nuevo en el siguiente intento… búsqueda de nuevas fechas. Hasta que al final todo encaja… O no…, el vuelo se retrasa y la actriz llega un par de horas tarde. Hay que intentar retrasar su vuelta o dejar la entrevista para otro momento… Crisis. Se supera. Repetimos, ¿quién ha dicho que ser una chica de cine es fácil? «Estupenda, ha quedado estupenda. Sólo una objeción. ¿No creéis que os habéis pasado con el photoshop? Es muy joven y no necesitaba tantos retoques… En fin, pero que sí, que ha quedado fenomenal, una foto brutal…».

Por el tono de voz, prometía problemas, o al menos algún chaparrón, pero no, el representante sólo repetía lo que ya se estaba hablando en algún programa de televisión. La chica de portada de esa semana estaba retocada. «Es casi un sello de mi trabajo», se defiende el fotógrafo. «Mejoro, pero no miento. Además, con sus 20 años es muy fácil sacarla guapa». Y la misma historia se repite al comparar alguna de las fotos de la serie con las que acaba de publicar sobre el mismo personaje alguna revista del corazón. En esta ocasión, no sólo no ha habido enfado sino que, además, el agente quiere ejemplares de la revista. No ha llegado a tiempo al quiosco. O sí lo ha hecho pero ya no quedaban ejemplares. Que también es el caso. «Su madre y su tía quieren uno», se explica. Ojalá todos los problemas fueran así…

Contratos para no preguntar sobre su vida privada, algunas son objetivo de la prensa de corazón. Sus parejas son futbolistas de elite o cantantes superventas… Pero no quieren hablar de ello. Firmado el compromiso de que se van a respetar las condiciones, el engranaje de la producción se pone de nuevo en marcha. Nuevas citas con los maquilladores. Raúl Baleige, el estilista, insiste en la importancia de saber cuánto antes las nuevas escenas que se reproducirán. Los trajes o los complementos que lucirán hasta transformarse en Barbarella, Lolita o Lara Croft hay que buscarlos con tiempo. Pero el sudoku del calendario aún no está resuelto del todo.

«¿Me puedes pasar una copia de la escena que va a interpretar?», piden desde otra agencia de representantes. «Mejor la última propuesta», responden una vez que se les han presentado varias alternativas. Y cuando la actriz va a posar es cuando se entera de que había otras opciones. Todas de su agrado. ¿Exceso de control? Puede ser, pero es el mundo en el que viven.

Si han firmado un contrato para una marca comercial que les exige no posar en bañador con ningún otro medio y hasta última hora no se dan cuenta de que para la foto pensada por Magazine tiene que salir en ropa de baño, ahí está raudo de nuevo el estilista. Ha conseguido la camiseta para la escena elegida como alternativa. No se ven bañadores, ni biquinis, pero el resultado supera incluso las expectativas creadas ante la primera opción… Dos horas de peluquería, más el maquillaje («mejor más oscura la rayita del ojo, que si no no me reconozco», aconseja la actriz), la composición de la escena, y la sesión de fotos… Total, más de cuatro horas. «No os preocupéis, no tengo prisa. Hoy no tengo rodaje y sé que estas cosas llevan su tiempo», tranquiliza la chica de película. «Mañana tenemos otras dos sesiones…», quiere confirmar el fotógrafo una vez terminada la de ese día. Pero no, se ha caído a última hora la prevista para la tarde de la jornada siguiente . «Ah, no, si no va en portada no lo hace». Otra vez los representantes…

Con su negativa se esfuman las posibilidades de reproducir a Brigitte Bardot en Y Dios creó a la mujer. «Eran calcadísimas. Qué pena que no haya aceptado…», se oye en el estudio.

Detrás de la cámara.

Por fin, la serie de verano ya está cerrada. Al menos sobre el papel. Sólo quedan las últimas fotos y rematar alguna entrevista. Las notas tomadas durante las semanas de la producción no engañan. Se ha contactado con las agencias de representación de más de 30 de nuestras actrices y modelos más conocidas. Algunas lamentaron no poder participar desde el primer momento. Hubo quien después de mostrar su entusiasmo, al final no lo pudo hacer por compromisos de trabajo. Y está también quien des- pués de decir que no, al final encontró un hueco. «Es que está clavadita», dice sobre la foto de Chenoa, publicada unas semanas antes. «Es como el cartel de Flashdance», añade. «Me alegro de poder hacerlo finalmente». Villarrubia dispara, y otra foto más para la serie. «¿Al final, cuántas vamos a hacer?», pregunta el fotógrafo, que durante estas semanas ha convertido su lugar de trabajo en algo parecido al Actor’s Studio… Venga subir y bajar actrices entre un ir y venir de postizos, maquillajes, barras de labios y mucho, mucho sentido del humor… «Estas plumas me las podías haber dejado para el desfile del Orgullo Gay», se ríe una de las jóvenes a quien le acaban de pintar las uñas de los pies de rojo intenso para dar vida a un mito del cine erótico.

–¿Ah, pero estuviste en la manifestación?– pregunta la maquilladora. –Síiii… En una carroza, desfilando, pero aunque los gays me adoran, ni aún así pude evitar que me pisaran [carcajada general]. ¡Qué cantidad de gente!

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